Entrevista con Catalina Irizar, coordinadora académica de prebásica: La pedagogía de la escucha es clave

 

Este 2019 que termina fue el primer año en que Catalina Irizar asumió la coordinación de prebásica tras la jubilación de María Verónica Pérez. Tras estar 15 años en el aula de prekínder o kínder, Catalina se hizo cargo del equipo y de uno de sus anhelos: actualizar el programa de estudios que actualmente está en el Ministerio de Educación esperando su aprobación final. “Por sobre todas las cosas confío mucho en el equipo, sé y reconozco en ellas, las educadoras, tremendos talentos y una vocación de querer acompañar a los niños en esta etapa de la vida”, dice al comenzar esta entrevista. “Este año ha sido un tiempo de conocer a las educadoras desde este nuevo rol, acompañarlas, potenciar sus talentos e ir avanzando en algunos desafíos que hace años estábamos mirando, pero que no habíamos podido desarrollar por diversas razones”. Uno de ellos era desarrollar un nuevo programa de estudios para reemplazar el que se usaba hace 18 años.

Metodológicamente, ¿cómo se llevó a cabo la actualización?
Asumimos el desafío junto a cuatro educadoras –Alejandra Cáceres, María Ester Quezada, Maite Arias y Cecilia Soto-. Nos reuníamos semanalmente para revisar los programas de estudio y reflexionar sobre lo que queremos y qué soñamos para nuestra área. Fue mirarnos, repensar y volver a levantar los cimientos que creemos que son relevantes para el proceso de aprendizaje de nuestros niños a esta edad.

Fue un proceso con un equipo más pequeño, pero siempre con la participación de las educadoras y también de otros agentes educativos. Nos juntábamos todos los lunes para revisar los objetivos, los indicadores de desempeño y las experiencias de aprendizaje. Este segundo semestre hemos estado más focalizadas en la implementación de este programa de estudio relevando el juego, la importancia del aspecto socioemocional en nuestros niños y niñas, mirando nuestro horario, los espacios destinados a lo lúdico y las experiencias de aprendizaje que estamos brindando a nuestros niños.

¿Cuáles son los elementos más relevantes que emergieron de ese proceso?
Por una parte, la importancia del juego y propiciar espacios de interacciones, a través de un trabajo colaborativo, que es uno de los énfasis que queremos dar. Uno de los desafíos del próximo año es implementar proyectos de investigación a la luz de los distintos temas relacionadores y que sean proyectos que nazcan de inquietudes y preguntas que los mismos niños estén formulando.
Miramos al niño como sujeto de derechos, que construye su aprendizaje, y -a la luz de la contingencia actual- creemos que todo lo relacionado con convivencia y ciudadanía se torna también un desafío que tiene que ver con la toma de decisiones, con el bienestar propio sin dejar de lado en bien común.

En esta comisión hemos trabajado los espacios físicos y el ambiente y desde ahí proyectamos ciertas mejoras en las salas de clases que apuntan a que sean espacios donde los niños sean los protagonistas de las interacciones que ocurran en ellas. Me refiero a cómo tenemos distribuidos los recursos, los materiales, qué posibilidades damos para que los niños interactúen con los materiales visualizándolos como dueños de ese espacio y mirando nuestro rol de educadoras en ese contexto, siendo mediadoras del proceso.

También hemos tenido un trabajo potente en matemática. Durante 2017 y 2018 recibimos una asesoría en esa área y este año tuvimos el desafío de implementar el método Singapur con foco en los juegos, en experiencias de evaluación auténtica en contextos relacionados con lo que los niños viven diariamente y creo que ha sido un logro de un equipo de educadoras que nos han movilizado y que nos han desafiado a volver a mirar nuestras prácticas en el área.

Por otro lado, por muchos años hemos asumido el enfoque Highscope y desde ahí es que hemos implementado los trabajos en rincones. Eso lo hemos mirado este año y establecimos nuevos desafíos para el 2020 en espacios de juegos para los niños dentro de su rutina semanal. Queremos ampliar este espacio para que, a través del juego, podamos ir evidenciando y registrando información que nos permita visualizar los aprendizajes: los procesos, los logros y los desafíos que cada uno de los niños tiene.

¿Cómo ha sido la implementación del Dual Language Immersion (DLI)?
Hemos tenido el desafío de su implementación y que en un comienzo presentó algunas tensiones. Creo que este año el equipo de educadoras ha realizado un excelente trabajo, hemos podido ir avanzando, ir aprendiendo juntas este nuevo desafío, ver los aportes y el tremendo aprendizaje que han tenido los niños en la adquisición del lenguaje, ya sea en inglés y en español. Ha sido un trabajo de crecimiento, de aprendizaje mutuo teniendo desafíos, pero visualizando un proceso de implementación en el que las educadoras han sido el mayor pilar.

Estuvimos en una reunión de dirección de estudios donde se hizo una proyección del DLI y la idea es proyectarlo hasta cuarto grado estableciendo ciertas metas de aquí al 2023. Esta es la primera generación de kínder que inicia su primero básico con DLI y hemos hecho un trabajo muy articulado con la coordinación de primero básico y con los diferentes jefes de área en donde el DLI está presente: música, arte, educación física. Estamos en un proceso donde todos vamos aprendiendo, pero en la medida en que se promueve el trabajo en equipo, compartir experiencias y mirarnos en progresión, los niños van a continuar un proceso de aprendizaje como al menos hemos podido visualizar en los niveles prekínder y kínder.

¿Cuál ha sido la reflexión en torno a la convivencia escolar?
Visualizamos a un niño como un sujeto de derechos que, a pesar de su edad, puede tomar decisiones y todo el trabajo que se hace en la rutina está pensado en un niño que tiene esa capacidad y uno como adulto lo va a acompañando y lo vamos acercando a ir tomando las mejores decisiones para sí mismo, pero también para su entorno físico y de relaciones con los otros.
Este es un colegio grande y para los niños es un tremendo desafío porque no tenemos rejas, ellos conviven con los más grandes, sus traslados hacia educación física y psicomotricidad implican un recorrido por el colegio y en eso valoramos que a lo largo del proceso ellos constantemente están llamados a tomar decisiones y a conversar y si es necesario reparar frente a decisiones que no fueron del todo acertadas. Es decir, reconocemos el error como parte fundamental del aprendizaje y también estamos aquí con mentalidad de crecimiento: estamos aquí crecer, aprender y los errores son parte de eso.

Trabajamos en conjunto con el equipo de psicorientación acompañando no solo a los niños, sino también a las familias. Además contamos con el apoyo de Sebastián Godoy, jefe de unidad, y del equipo de ACED; los niños han aprendido a mirar ese espacio como puerta para el diálogo, donde vamos aprendiendo de las situaciones que nos ocurren con los otros, el espacio de ACED no es solo donde te dan una papeleta o te dicen que algo estuvo mal, sino que te invitan a reflexionar y a tomar mejores decisiones en el futuro. Los niños experimentan que los conflictos se resuelven a través de la comunicación.

A nivel de sala de clases, uno de los focos es tener espacios de diálogo donde los niños puedan expresar sentimientos, compartir conflictos que han tenido en este entorno y entre todos buscar la manera de solucionarlo. Es maravilloso escucharlos darse consejos, apoyarse, buscar nuevas alternativas… son niños, pero nos pueden enseñar a los adultos a cómo resolver problemas. El diálogo como resolución de conflictos nos puede ayudar para ir avanzando como sociedad en la búsqueda de acuerdos reconociéndonos diversos y con opiniones distintas.

¿Cuáles son los principales desafíos para el 2020?
Lo primero es la implementación de nuestro programa de estudios con trabajo en términos de planificaciones, evaluación y levantar evidencias que nos permitan ir mirando el proceso de niños y niñas.

También el desafío de los proyectos de investigación es una metodología nueva que vamos a implementar y que estamos mirando las líneas investigativas y los énfasis en cada uno de los niveles.
En la etapa inicial, como educadoras, nos tenemos que reconocer en roles distintos porque son los niños los que nos van a ir mostrando los caminos a partir de sus necesidades y ahí la pedagogía de la escucha es clave, aprender a escuchar, observar.

También vamos a mirar recursos, que las salas de clases nos evidencien los progresos y lo que los niños están viviendo.
Tenemos el desafío de seguir integrando el DLI con la convicción que el lenguaje es la herramienta principal de aprendizaje y requerimos para eso que nuestros niños tengan la posibilidad de adquirir dos idiomas a lo largo de su rutina escolar.

Vamos a continuar potenciando talentos, tenemos muchos, hay un equipo maravilloso que trabaja profesionalmente y que se dedica a cada uno de sus alumnos y alumnas visualizando la importancia del desarrollo socioemocional y desde ahí desafiar a los niños en otras áreas del aprendizaje.