“Vayan y hagan discípulos míos de todas las naciones… enseñándoles a obedecer todo lo que yo les he mandado. Recuerden que estoy con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19-20). Es Jesús mismo quien nos asigna la tarea evangelizadora, nos da los medios para completar esa tarea y nos ofrece apoyo para cumplirla.

La Iglesia, en un documento de la Congregación para la Educación Católica, nos invita como institución educativa a mantener con nitidez nuestra identidad eclesial ante los nuevos desafíos lanzados por los contextos socio-culturales y políticos, porque “es deber fundamental de la evangelización, de ir allí donde el hombre está para que acoja el don de la salvación” (Congregación para la Educación Católica, “La escuela católica en los umbrales del tercer milenio”, Nº 3).

Por su parte, la Exhortación Apostólica “Ecclesia in America” señala a la educación como lugar privilegiado para el proyecto global de la Nueva Evangelización. Esta observación reafirma la declaración de los obispos latinoamericanos en la Asamblea de Santo Domingo, donde señalan que: “la educación cristiana se funda en una verdadera antropología cristiana, que significa la apertura del hombre hacia Dios como creador y Padre, hacia los demás como sus hermanos, y al mundo como a lo que le ha sido entregado” (CELAM: Documento de Santo Domingo, Nº 264).

Respondemos, como colegio de Iglesia, a las orientaciones de la Conferencia Episcopal de Chile que nos plantea que “la educación puede ser un camino privilegiado para promover la inculturación del Evangelio” (OO.PP. 2001-2005, Nº 235).

Finalmente, educar en la fe es la razón de ser, un carisma esencial de la Congregación de Santa Cruz. Su fundador, en su libro Pedagogía Cristiana, define la educación como “el arte de ayudar a los jóvenes a adquirir su perfección; para un cristiano, esto significa que la educación ayuda a un joven a ser más semejante a Cristo, modelo de todos los cristianos” (p. 2). Y dice también: “el primer deber de un profesor es formar cristianos; la sociedad tiene mayor necesidad de personas con valores que de personas instruidas” (Ibid., p. 1).